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La Unidad de Diabetes Integral realizó taller de alimentación saludable enfocado en niños y adolescentes.

El niño come lo que vos le das. Imita lo que vos hacés, si vos no comés verdura ¿Con qué lo obligás a él?

Los niños nacidos en las últimas décadas tienen muchos puntos en común con los de generaciones anteriores: juegan, estudian, hacen amigos. Pero ahora también corren menos al aire libre y están más frente a las computadoras, entre otras cosas. Y esos cambios culturales no vinieron solos, llegaron acompañados de un incremento de la obesidad y el sobrepeso y, consiguientemente, de la diabetes tipo 2.

"Diabetes de los adultos", se le llamaba usualmente a esta patología. Pero la nueva realidad hizo que esa denominación dejara de usarse.
A diferencia de la tipo 1, en la que el organismo no produce insulina, la 2 "tiene su origen en la incapacidad del cuerpo para utilizar eficazmente la insulina, lo que a menudo es consecuencia del exceso de peso o la inactividad física", dice la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La doctora Mariela Ravía, endocrinóloga de la Unidad de Diabetes Integral del SMI, pone énfasis en la situación: "Es un gran problema de salud a nivel mundial la epidemia de obesidad y diabetes. Antes era una enfermedad de la persona adulta, ahora la ves en niños y adolescentes, que los tenés que terminar medicando. Antes era impensable".

A propósito del Día Mundial de la Diabetes, que se celebra el 14 de noviembre, la Unidad presentó un taller de alimentación saludable con foco, justamente, en los más chicos. Porque la prevención aquí es clave, ya que una vez que la enfermedad es diagnosticada no hay vuelta atrás.
"No es una infección que tomás medicación una semana y te curás. Y cuando se diagnostica en un niño, en un adolescente o en un adulto joven tiene toda la vida por delante: toda la vida tomando medicación, toda la vida con controles, más las complicaciones que pueden aparecer en el futuro", explica Ravía.

 

 

 

 


El encuentro fue pensado para que los pacientes de la Unidad aprendieran a preparar comidas sanas y ricas.

"Todos los pacientes que tenemos tienen hijos, nietos, por tanto esos niños tendrán esa carga genética y a la vez ellos le inculcan los hábitos. Ellos ya tiene la diabetes pero pueden enseñar para que sus hijos y nietos no la tengan".

Es que el comer es un hábito social, y por eso es fundamental lo que los adultos transmiten a los más chicos. Y, como en todo lo relativo a la educación, acá lo que vale es el ejemplo, no los discursos.

"Es raro que la madre y el padre tenga hábitos saludables y el niño coma comida chatarra. El niño come lo que vos le das. No trabaja, no tiene plata, no sale a comprar las cosas. Imita lo que vos hacés, si vos no comés verdura ¿con qué lo obligás a él?, cuestiona la endocrinóloga, y recalca "el problema que se está teniendo con niños, adolescentes y adultos hoy en día es la ausencia del consumo de verduras. Cuando el bebé es chiquito todo el mundo le da zapallo pero cuando se integra a la mesa familiar sino lo cocinas el zapallo, el chiquilín no lo va a comprar".

En el mundo hay 124 millones de personas de entre 5 a 19 años que son obesos, y otros 213 millones tienen sobrepeso, dice la OMS.
Hace 40 años, menos de un uno por ciento tenía sobrepeso, actualmente se llega a seis por ciento en las niñas y ocho en los varones.

El incremento de la obesidad en la población mundial en general fue el eje del discurso la directora del organismo de salud, Dra. Margaret Chan, en la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos del año pasado. Lo tituló: "Obesidad y diabetes, una plaga lenta pero devastadora".

"La obesidad incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y también algunos tipos de cáncer. Pero la afección en la que la obesidad como factor de riesgo independiente tiene mayor repercusión es la diabetes. Por otra parte, esta enfermedad con sus costosas complicaciones, como la ceguera, la amputación de miembros y la necesidad de diálisis, puede imponer a los presupuestos de salud y a las finanzas familiares una carga extraordinaria a largo plazo", dijo Chan en esa oportunidad.

Una de las excusas más comunes para no tomar en cuenta lo saludable en la alimentación es la falta de tiempo, y otra es el dinero que hay que invertir. Pero, dice Ravía, no queda opción: "Muchas veces se habla de la falta de tiempo- y los padres van a lo fácil, a la comida procesada, los panchos, la hamburguesa- o que las verduras son caras. Pero no hay mucha vuelta tenemos que cambiar la manera de comer. Las verduras las podemos plantar en casa. En el taller dijimos que lo más caro es lo pagar los medicamentos después".

En la actividad, los integrantes del equipo dan ideas preparaciones y le suman sus propias experiencias: porque al igual que quienes participaron del taller, también deben compaginar trabajo, hogar, y alimentación.

Para Ravía los médicos y nutricionistas siempre "terminan hablando de lo mismo" pero esta reiteración del discurso es necesaria por la falta de conciencia sobre el tema. "En la Unidad a veces cuesta hacerle entender al propio paciente diabético que tiene que hacer dieta, que tiene que tomar medicación, cuánto más al que no la tiene. Y en niños y adolescentes es peor porque quien tiene que tomar conciencia es el padre, el niño no es consciente de los riesgos.
Es una epidemia por falta de conciencia y se terminan dando cuenta después..."

 


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