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Anticipándonos a los cambios - II parte: salud genética y medio ambiente. Cambiando la huella

Continuando con lo que expresábamos en nuestro anterior encuentro, se hace necesaria la toma de conciencia en lo que a conductas y hábitos de vida se refiere, si queremos no solo más años a nuestra vida sino más vida a nuestros años. Si bien parece un trabalenguas, estamos convencidos de que es así, y está sustentado con numerosas publicaciones científicas.

Es verdad que traemos una carga genética, que imprime ciertas "directivas a nuestras vidas", y que podemos llamarlas susceptibilidades. En nuestros genes se encuentra "escrito" nuestro destino dicen algunos especialistas y el conocimiento del genoma humano permitió abrirnos a una dimensión tan desconocida como apasionante. Por primera vez estamos en condiciones de personalizar, individualizar o confeccionar a medida algunos tratamientos. Podemos detectar genes vinculado al riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, hematológicas, ó neurodegenerativas por ejemplo. Estos marcadores biológicos, genómicos, nos hablan de probabilidades de enfermar, de una mayor sensibilidad a ciertas afecciones o a diferentes agentes patógenos. Sin embargo el tema es mucho más complejo pero a la vez más esperanzador y nos impone un gran desafío a nosotros individualmente como pacientes o potenciales pacientes, a la sociedad en general y especialmente a los diferentes profesionales de la salud. El desafío de hacernos responsables de nuestra salud e involucrarnos activamente en ello. 

Lo que conocemos hoy es que aquellos genes responsables de un riesgo aumentado a determinadas enfermedades no son absolutos, y es pasible de ser modulado por nuestras conductas. Nuestras diferentes conductas (que las hemos clasificado de una manera simple como de riesgo o saludables) pueden interactuar con nuestro genes. Dichos genes pueden estar "encendidos" o "apagados" por así decirlo, según una serie de situaciones ambientales que están en íntima relación con ellos. Podemos haber nacido con la susceptibilidad de presentar un mayor riesgo de cáncer pero existen situaciones ambientales, que llevarán a que se aleje dicha posibilidad o por el contrario se haga realidad el "oráculo". Este descubrimiento ha motivado a ser cada vez más insistentes en promover nuestros hábitos y a hacernos responsables de nuestras vidas en lo que a salud se refiere. Si bien no podemos, según el estado actual del conocimiento, modificar nuestra genética lo que si podemos es modular la expresión de nuestros genes. A este proceso se le conoce como epigenética; el ambiente modulando nuestro DNA, es decir la expresión de nuestras susceptibilidades con las que hemos nacido, nuestra herencia. Sin embargo si nuestros genes no se expresan, no inician el proceso mórbido, es decir, para que un gen determinado (o conjunto de genes), pueda generar enfermedad por ejemplo diabetes, hipertensión arterial, incluso cáncer, es necesaria la susceptibilidad genética, pero no es suficiente, no lo es todo. Es necesario además que dicho genes se expresen, se enciendan, y de esta manera, iniciar el proceso. Nuestras conductas, estilos de vida, creencias pueden modificar ese destino. Es así que el tipo de alimentación, el ejercicio, nuestras actitudes, el manejo del stress e incluso el uso de medicamentos en forma crónica pueden actuar, además de los ya conocidos beneficios agudos, a través de mecanismos epigenéticos ir modulando la expresión de nuestros genes. Esta interacción entre la genética, y el ambiente nos permite entender que no somos, sino que nos vamos construyendo en la medida en que vamos tomando decisiones en nuestras vidas. Una vez más la filosofía se nos mezcla con la ciencia, la biología en último caso con la salud. Lo más importante de esto es que nuestra conducta puede revertir el riesgo de padecer enfermedades para lo cual estamos predispuestos. Es así que recomendar ejercicios tanto al cardiópata, diabético, hipertenso, deprimido o simplemente sedentario implica mucho más que ir a un club, caminar o cual sea la actividad que hayamos escogido. Los medicamentos nos ayudan al control de muchas enfermedades, a alterar el curso evolutivo de muchas afecciones pero estos aspectos epigenéticos permiten un cambio profundo, potencian los beneficios del medicamento, reducen sus riesgos e incluso permiten reducir el número de los medicamentos que prescribimos. De esta manera por tanto iniciamos un uso más adecuado de ellos. Pero además de lo ya referido los cambios epigenéticos son heredables, por tanto de alguna manera es una forma de reflexionar sobre el legado que le dejamos (o le estamos dejando) a nuestros hijos. Efectivamente, nuestro comportamiento modula, influye en la expresión de nuestros genes y este efecto puede ser heredable, trasmitirse a nuestra descendencia. Sin embargo importa en este momento avanzar en el análisis de que es lo que pasa con nuestros genes. Detengámonos un momento a pensar en este hecho, el cuál según el estado actual de la ciencia (estado del arte), no estamos determinados al nacer, sino que nos vamos construyendo a medida que vivimos de tal forma que estamos continuamente dialogando con nuestros genes, permitiendo que se expresen de una forma u otra, es decir, es posible a través de nuestros hábitos disminuir o incluso suprimir la predisposición genética. Desde el punto de vista fisiológico e incluso fisiopatológico ya se puede hablar de diferentes "aprendizajes epigénicos" como son la memoria inmunológica, el aprendizaje, nuestra respuesta al stress, la depresión o el cáncer. Para citar dos ejemplos muy claros a los que les estamos prestando mayor atención, nos referimos a la obesidad y la hipertensión arterial que han ido modificando nuestro fenotipo consecuencia de hábitos hipercalóricos, con sobrecarga sódica en un escenario de sedentarismo y exigencia laboral, que han llevado a que estos cuadros sean hoy considerados verdaderas epidemias que exigen urgente atención. Su abordaje debe realizarse desde múltiples miradas, con enfoque sistémico e integrador y no pasa exclusivamente por respuestas farmacológicas, el abordaje está en la educación y apelar a estos cambios epigenéticos que son reversibles y heredables. Es decir podemos hacer mucho por nosotros y nuestra descendencia.


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